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Gisela Ochoa sufrió un nuevo ataque vandálico y decidió retirarse de la lucha: “Hasta acá llegué”

Gisela Ochoa decidió dar un paso al costado en la causa que investiga la muerte de su hermano, Daniel Ochoa. La joven sufrió amenazas y la semana pasada un ataque vandálico que intimidó a toda su familia. Gracias a su lucha muchas cosas cambiaron dentro de Cerro Negro, la mina donde murió también la Ingeniera Rosana Ledesma. “Si querían generar miedo, lo lograron”, dijo en una entrevista a Infomedia24 y confió en la Justicia y en Dios para que paguen los responsables.

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Hace poco más de un año, la vida de Gisela Ochoa cambió para siempre. Su hermano Daniel, operario de la mina Cerro Negro, falleció junto a la ingeniera Rosana Ledesma al descender 475 metros hasta un sector peligroso en la mina Cerro Negro, que opera la compañía Newmont. Desde entonces, ella tomó una decisión: buscar justicia y trabajar para “que no muera ningún trabajador más”. Pero la semana pasada, esa lucha llegó a un punto de quiebre. Tras recibir amenazas y sufrir un ataque vandálico en su domicilio, Gisela decidió dar un paso al costado y alejarse de la exposición pública.

En diálogo con Infomedia24 contó que “estábamos con mis hijas, en pijama, para dormir, cuando escuchamos un ruido y mi perra se alteró muchísimo. Salí y vi la luneta de mi auto rota”.

Gisela buscó cámaras de seguridad y habló con vecinos, quienes le describieron la escena: “Se ve un hombre encapuchado caminando con una pesa en la mano. Se para frente a mi casa, tira la pesa contra el auto y sale corriendo. Dicen que había un vehículo esperando en la esquina”.

  El auto afectado, explicó, “está a mi nombre y tiene una foto de mi hermano en el parabrisas. Podrían haber roto cualquier otro, pero eligieron ese”, lo que le confirma que el ataque “fue para mí”.

Inmediatamente llamó a la policía y radicó la denuncia. Desde entonces, dijo, “tengo siempre la policía alrededor de mi casa” y agradeció al Comando de Patrulla y a la Comisaría Sexta, “porque mis hijas tenían mucho miedo”. Ahora empieza una nueva causa.

Ante esa presión, Gisela anunció que pondrá un límite. “Si querían que me calle lo lograron, porque ver a mis hijas con ese estado de estrés y miedo no es agradable. Mi abuela igual me pide que deje esto de lado. Hasta acá llegué”, afirmó. “Quiero dejar esto en manos de Dios y del a Justicia divina y que cada uno pague lo que le corresponda”.

Sin embargo, aclaró que la causa principal continuará en manos de sus abogados y peritos. “Voy a seguir, pero no puedo vivir con este susto”.

El respaldo de la comunidad

Los compañeros de su hermano la llamaron preocupados. “Me decían que la ayuda para ellos ya llegó, que cambiaron los protocolos y que se cuidan mejor. Yo les agradecí”, dijo.

“Nosotros pedíamos justicia por Daniel y que no muera nadie más, sobre todo sus compañeros y amigos que me ayudaron mucho durante este tiempo”, dijo.

Luego de la tragedia ocurrida el 9 de abril de 2024, por orden del Gobierno Provincial, Cerro Negro detuvo sus operaciones por 45 días. Tras un intenso trabajo, la compañía comenzó a implementar nuevos protocolos de seguridad.

Según Gisela, hoy hay auto rescatadores nuevos, GPS con baterías recargadas, controles más rigurosos en las órdenes de trabajo y personal de seguridad e higiene que ingresa a las zonas subterráneas para supervisar.

“El pañol ya no queda sin pañolero. Nadie entra a mina sin una orden validada. Todo eso cambió. Eso es lo que me deja un poco tranquila”, remarcó. “Todo se puso en marcha como debería haber sido. Si hubiese sido así antes, Dani estaría acá y yo estaría viviendo mi vida normal, como era antes”.

Sobre su lucha, rescató “Dani les prestó a su hermana todo terreno, y yo hice lo mejor que pude. La misión era que no muera ninguno más. Y eso, por suerte, se logró. Mi tarea está cumplida”, reflexionó.

El accionar del gremio

Durante la entrevista, Gisela reconoció que varios compañeros de Daniel temen declarar. “Saben que, si hablan, podrían perder su empleo. Yo, al menos, no trabajo en minería; de lo contrario, ‘ya estaría echada’”.

Por ello, la hermana criticó duramente a AOMA, el gremio que nuclea a los trabajadores mineros. “Decían que ayudarían, pero en realidad pusieron palos en la rueda”.

Gisela contó que sufrió presiones directas. “En más de una ocasión me ofrecieron dinero para que me calle y, en otra, me pidieron que dejara de hablar del gremio, que no me enojara tanto”, relató.

Según explicó, su único pedido a la organización sindical fue “apoyo, compañía y protección para que los compañeros declararan sin miedo ni represalias”, algo que nunca recibió. “Con lo que sucedió el viernes, ya veo que ese respaldo no va a llegar”, sentenció.

Consciente del costo personal de su lucha, reiteró su decisión de dar un paso al costado: “Le digo al secretario general y a toda su comisión directiva, a los afiliados más fanáticos que si querían silencio, lo van a tener”. Y resaltó que “nunca me importó la vida privada de nadie. No era personal. Era por mi hermano, pero Dani ya no vuelve. Y la verdad es que yo no quiero vivir así, con miedo, sobre todo por mis hijitas y mis seres queridos”, dijo.

“Hasta aquí llego; no voy a hablar más: que la justicia actúe, que Dios haga lo suyo. Creo que di lo mejor de mí y cumplí con mi deber”. A partir de ahora, anticipó, la causa seguirá en manos de sus abogados y peritos.

Para cerrar, Gisela agradeció el respaldo recibido de familiares, amigos, compañeros mineros y autoridades: “A todos los que me acompañaron en este año doloroso, les digo gracias. Daniel y Rosana no murieron en vano”.

Agradeció también al Ministerio de Trabajo, al Gobierno Provincial y a todos los que la acompañaron. “Ahora espero que se siga cuidando a los mineros, y que no se olvide la Ley de Concientización Laboral Minera cada 9 de abril”.

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