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Volcán Hudson mantiene alerta verde tras sismo híbrido y refuerzan monitoreo en la Patagoni

El Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur (OVDAS) reportó un sismo híbrido de magnitud 2,5 en el volcán Hudson, ubicado en la región chilena de Aysén. La alerta técnica se mantiene en verde y las autoridades intensifican la vigilancia, sin riesgo inmediato para Santa Cruz y Aysén

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El volcán Hudson, uno de los más grandes e imponentes de la Patagonia, sigue bajo vigilancia tras registrarse un sismo híbrido a las 23:24 horas del domingo 10 de agosto, a 7,4 kilómetros de profundidad y con una magnitud local de 2,5. Así lo informó el Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur (OVDAS), dependiente del Servicio Nacional de Geología y Minería (SERNAGEOMIN) de Chile.

Este tipo de sismo híbrido combina dos procesos internos: el fracturamiento de rocas en el interior del macizo y la dinámica de fluidos como magma, gases o agua caliente. Si bien precedió una actividad volcano-tectónica de menor energía, la alerta técnica para el volcán se mantiene en nivel verde, el más bajo en la escala de vigilancia volcánica, que indica un estado de relativa calma o actividad superficial sin riesgo inminente.

El Hudson, ubicado en la comuna de Aysén, ha sido monitoreado de forma permanente por estaciones sísmicas instaladas en sus inmediaciones, lo que permite detectar movimientos internos y alertar a tiempo a la población y autoridades.

La directora regional de SERNAGEOMIN, Andrea Aguilar, señaló que “se está reforzando la vigilancia del macizo, manteniendo un monitoreo constante de su comportamiento”, y subrayó que la observación permanente es clave para detectar cualquier cambio que pueda representar un riesgo para las comunidades.

Este monitoreo es especialmente importante para las localidades cercanas de la provincia de Santa Cruz, en Argentina, donde el Hudson también genera atención por su capacidad eruptiva. La última erupción significativa ocurrió en 1991 y afectó tanto la región chilena como sectores del sur de Santa Cruz con caída de cenizas y complicaciones en el transporte.

Pese a la seguidilla de temblores vinculados al volcán, las autoridades llaman a la calma y recomiendan a la población seguir únicamente las informaciones oficiales. La Dirección Regional del SENAPRED mantiene coordinaciones con los organismos de prevención y respuesta ante desastres para actuar rápidamente en caso de que la actividad volcánica escale.

El sismo híbrido registrado el domingo a las 23:24 tuvo las siguientes características técnicas:

Latitud: 45,924° S; Longitud: 72,973° O; Profundidad: 7,4 km; Magnitud: 2,5; Desplazamiento reducido: 873 cm²

Previo a este evento, ya se había detectado sismicidad volcano-tectónica de menor energía, que corresponde a pequeños movimientos asociados al quiebre de rocas dentro del sistema volcánico.

El nivel de alerta verde indica que el volcán puede estar en reposo o presentar actividad superficial localizada, sin señales inmediatas de erupción. Sin embargo, la naturaleza del Hudson y su pasado eruptivo exigen mantener la vigilancia constante y la preparación de las autoridades para una eventual emergencia.

Para Santa Cruz y las comunidades aledañas, la situación por ahora no implica riesgo directo, pero la vigilancia continua es fundamental para garantizar la seguridad y minimizar impactos, en caso de cualquier variación en la actividad volcánica.

34 años desde la última erupción

El 12 de agosto de 1991, el volcán Hudson, ubicado en la región chilena de Aysén, entró en erupción después de dos décadas de inactividad, desatando una de las mayores catástrofes naturales en la Patagonia austral. Aunque el epicentro del volcán está en Chile, la mayor parte de las cenizas volcánicas fueron depositadas en territorio argentino, afectando especialmente a la provincia de Santa Cruz. Localidades como Los Antiguos, Perito Moreno y Puerto Deseado sufrieron graves consecuencias por la caída de ceniza, que oscureció el cielo durante días y alteró profundamente la vida cotidiana de sus habitantes.

El impacto sobre la provincia fue devastador: más de medio millón de ovejas murieron por la contaminación y falta de alimento, mientras que los cultivos de cerezas y pasturas quedaron arruinados. La agricultura y la ganadería, pilares económicos de la región, recibieron un golpe de gracia tras años de crisis y desertificación. El daño económico y social fue tal que muchas estancias se vaciaron, con una migración hacia las ciudades y un aumento de la desocupación en la zona.

La caída de cenizas fue tan intensa que en Los Antiguos y otras localidades la acumulación superó el metro de espesor, obligando a los vecinos a emprender arduas tareas de limpieza que duraron meses. A pesar de la tragedia, la población mayoritariamente decidió no abandonar sus hogares, aunque mujeres y niños fueron evacuados temporalmente para proteger su salud. La resiliencia y la solidaridad de las comunidades, junto con el apoyo del Estado y organismos como el INTA, fueron clave para la recuperación posterior.

Desde entonces, el volcán Hudson sigue siendo un punto de atención constante para las autoridades chilenas y argentinas. Su actividad impacta directamente en la seguridad de las localidades de Santa Cruz, por lo que el monitoreo permanente es esencial para anticipar cualquier nuevo evento eruptivo. La experiencia de 1991 dejó una profunda huella y un aprendizaje vital para la gestión de riesgos y emergencias en la región.

Finalmente, la erupción del Hudson no solo transformó el paisaje natural y económico, sino que también marcó un antes y un después en la vida social y cultural de Santa Cruz. El volcán recordó a sus habitantes la fuerza implacable de la naturaleza y la necesidad de adaptarse a un territorio con condiciones extremas, fomentando a su vez nuevas formas de producción y desarrollo regional a partir de las lecciones aprendidas.

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