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El taller de pelucas solidarias que acompaña a pacientes oncológicos en Santa Cruz

En Río Gallegos, cada lunes por la tarde el taller de la Asociación Buen Día Vida se llena de tijeras, hilos, risas y también de mucha emoción.

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En Río Gallegos, cada lunes por la tarde el taller de la Asociación Buen Día Vida se llena de tijeras, hilos, risas y también de mucha emoción. Allí, un grupo de peluqueros voluntarios transforma mechones de cabello donados en algo más que una peluca: en un símbolo de acompañamiento y esperanza para pacientes que atraviesan tratamientos oncológicos.

La iniciativa nació con la campaña “Mechón de Amor”, que invita a la comunidad a donar cabello. Esos aportes, sumados a materiales que vecinos e instituciones acercan de manera solidaria, se convierten en las manos de los peluqueros en piezas únicas, hechas a medida y entregadas sin costo.

Un equipo al servicio de la comunidad

El grupo está integrado por Isabel Cardozo, Marisa Paniagua, Marcos Centeno, Rosita Aravena, Juan Vargas y Rosa Águila Quezada. Juntos se reúnen cada lunes de 12 a 17 horas en el taller de pelucas, donde clasifican cabello, aplican nuevas técnicas y confeccionan los modelos que luego llegan a distintas localidades de Santa Cruz.

Muchos de ellos llegaron motivados por historias personales atravesadas por el cáncer; otros por el simple deseo de ayudar. Hoy, todos coinciden en lo mismo: lo que los impulsa a seguir es ver la emoción de quienes reciben una peluca y se van con una sonrisa.

Nuevas técnicas, el mismo compromiso

El taller no solo produce pelucas, también es un espacio de aprendizaje. Los peluqueros incorporan métodos innovadores, como el uso de elástico de lencería para hacer modelos más livianos y resistentes, y participan en encuentros con otros bancos oncológicos del país para perfeccionarse.

Con rifas, ventas y actividades solidarias financian los insumos que necesitan. Y siempre están abiertos a sumar colegas o voluntarios que quieran conocer la técnica y sumarse a la causa.

Más que una peluca

Cada entrega es única: algunas personas eligen pelucas, otras prefieren turbantes, pañuelos o gorros. Lo importante es que nadie se va con las manos vacías. Todos se llevan un gesto de apoyo, un recordatorio de que no están solos en su camino.

“Verlas sonreír cuando se prueban la peluca es lo que nos da fuerzas para seguir”, repiten los peluqueros solidarios. Y en esas sonrisas, el trabajo de cada lunes se transforma en el mejor premio.

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